La cirugía laparoscópica en urología representa uno de los mayores avances en el tratamiento quirúrgico del aparato urinario. Se basa en la realización de pequeñas incisiones a través de las cuales se introducen una cámara de alta definición y delicados instrumentos quirúrgicos. Esto permite al cirujano trabajar con gran precisión y con una visión ampliada de las estructuras internas, reduciendo al mínimo la agresión quirúrgica en comparación con la cirugía abierta tradicional.
Prostatectomía radical laparoscópica
La prostatectomía radical laparoscópica es una intervención quirúrgica en la que se extirpa totalmente la próstata. Está indicada por la presencia de un tumor maligno de próstata y la intervención se realiza con intención curativa a través de pequeños orificios por los cuales se introduce una pequeña cámara endoscópica, así como instrumentos de corte y coagulación, todo ello bajo anestesia general, provocando la insuflación abdominal mediante la introducción de CO2 en el peritoneo o en el retroperitoneo.
Mediante este procedimiento se pretende la eliminación de la próstata enferma y la desaparición de los síntomas derivados de esta enfermedad, con intencionalidad curativa a largo plazo. Con el uso de la laparoscopia se consigue un menor sangrado intraoperatorio, un menor dolor postoperatorio, una más rápida recuperación y menores lesiones cicatriciales. La mejor visualización de las estructuras anatómicas gracias a la cámara intracorpórea permite una cuidadosa disección de la glándula prostática así como una sustancial mejoría en la reconstrucción del tracto urinario.
En los pacientes afectados de cáncer de próstata de bajo riesgo es posible la preservación de bandeletas neuro-vasculares con objeto de conservar la función sexual tras la intervención.
Cuando nos encontramos ante cánceres de alto riesgo no es recomendable la preservación neuro-vascular por el riesgo de comprometer los resultados oncológicos.
El paciente permanece hospitalizado entre 3 y 4 días, siendo dado de alta hospitalaria con sonda vesical que se retirará a los 8-10 días de la intervención.
Los resultados oncológicos y funcionales de esta técnica, en la actualidad, permiten colocarla como técnica quirúrgica de referencia para el tratamiento curativo del cáncer de próstata.
Nefrectomía laparoscópica
La nefrectomía laparoscópica pretende la extirpación total o parcial del riñón enfermo, denominándose simple si sólo se extirpa el riñón, radical si se extirpa con la grasa que le rodea, incluyendo en ocasiones la glándula adrenal del mismo lado, y parcial cuando se conserva la parte sana del riñón.
La utilización de la laparoscopia persigue un menor dolor postoperatorio, una más rápida recuperación y menores lesiones cicatriciales.
El procedimiento es una cirugía importante que requiere la administración de anestesia. Mediante esta técnica se extirpa total o parcialmente el riñón enfermo a través de pequeños orificios por los cuales se introduce una pequeña cámara endoscópica, así como instrumentos de corte y coagulación, todo ello bajo anestesia general, provocando la insuflación abdominal mediante la introducción de CO2 en el peritoneo o en el retroperitoneo.
Habitualmente es necesario la colocación de un tubo de drenaje que se suele retirar a las 24 o 48 horas de la intervención. El paciente suele permanecer ingresado de 2 a 3 días.
Pieloplastia laparoscópica
La pieloplastia laparoscópica pretende resolver la estenosis o estrechez pielo-ureteral, es decir, la zona por la que la orina sale del riñón hacia el uréter. Cuando esta zona esta estenosada la orina producida por el riñón tiene gran dificultad para salir, provocando dolor, infección, formación de cálculos, dilatación renal y pérdida progresiva de la función del riñón.
Mediante este procedimiento se pretende aumentar el calibre de la unión pieloureteral resolviendo así el problema de la estrechez.
La utilización de la laparoscopia persigue un menor dolor postoperatorio, una más rápida recuperación y menores lesiones cicatriciales.
El procedimiento requiere la administración de anestesia. Se realiza a través de pequeños orificios por los cuales se introduce una pequeña cámara endoscópica, así como instrumentos de corte y coagulación, todo ello bajo anestesia general, provocando la insuflación abdominal mediante la introducción de CO2 en el peritoneo o en el retroperitoneo. Una vez localizada la zona estrecha se extirpa y se vuelven a unir la pelvis renal con el uréter, remodelando esta zona para evitar que se vuelva a cerrar.
En la intervención se puede dejar un catéter fino dentro del uréter (que va desde el riñón a la vejiga con el fin de una adecuada cicatrización de la zona operada) o una nefrostomía con tutor intraureteral (catéter externo). Los catéteres se suelen retirar posteriormente de forma ambulatoria.
Cistectomía rardical laparoscópica
La cistectomía radical laparoscópica pretende la eliminación de la vejiga enferma y la desaparición de los síntomas derivados de dicha situación.
Mediante esta técnica se extirpa la totalidad de la vejiga. En el hombre habitualmente se extrae a la vez la próstata y las vesículas seminales, y en el caso de la mujer la matriz. La intervención suele realizarse para tratar un tumor maligno, y habitualmente con intención curativa. La intervención se realiza con intención curativa a través de pequeños orificios por los cuales se introduce una pequeña cámara endoscópica, así como instrumentos de corte y coagulación, todo ello bajo anestesia general, provocando la insuflación abdominal mediante la introducción de CO2 en el peritoneo o en el retroperitoneo.
Con el uso de la laparoscopia se consigue un menor sangrado intraoperatorio, un menor dolor postoperatorio, una más rápida recuperación y menores lesiones cicatriciales. La mejor visualización de las estructuras anatómicas gracias a la cámara incorpórea permite una cuidadosa disección de la vejiga y de la glándula prostática.
Posteriormente la reconstrucción de la vía urinaria se realiza mediante cirugía abierta (ver apartado de cirugía convencional).
