La cirugía convencional, también conocida como cirugía abierta, sigue siendo una opción fundamental en urología para el tratamiento de determinadas patologías que requieren un abordaje directo y completo de las estructuras anatómicas. Aunque hoy en día muchas intervenciones pueden realizarse mediante técnicas mínimamente invasivas, existen situaciones clínicas en las que la cirugía abierta ofrece mayor seguridad, mejor control del campo quirúrgico o resultados más predecibles.
Ecografía abdominal
La ecografía abdominal es un procedimiento sencillo, no invasivo, en el que se utilizan los ultrasonidos para ver las estructuras internas del cuerpo humano. Al someterse a una ecografía el paciente se acuesta sobre una mesa y el Urólogo mueve el transductor sobre la piel para examinar los riñones, la vejiga y la próstata. Antes es preciso colocar un gel sobre la piel para la correcta transmisión de los ultrasonidos, así como recomendar al paciente que acuda a la consulta con la vejiga llena para una precisa valoración de la vejiga y la próstata.
Con esta prueba de imagen es posible diagnosticar la existencia de cálculos y tumores en los riñones y vejiga, así como alteraciones obstructivas en la via urinaria. También nos sirve para conocer las dimensiones de la próstata en el eventual caso de tener que practicar una cirugía prostática.
Ecografia escrotal y el eco-dopler testicular
La ecografia escrotal y el eco-dopler testicular consisten en la utilización de un transductor de partes blandas con objeto de poder visualizar las estructuras del interior de la bolsa escrotal (testículos y epidídimos) o peneanas. Esta técnica es utilizada por el Urólogo para el diagnostico de tumores testiculares, hidroceles, varicoceles y posibles torsiones de testículo.
Ecografía transrectal
La ecografía transrectal consiste en la introducción de una sonda por el recto que emite ondas de ultrasonido que producen ecos al chocar con la próstata. Estos ecos son captados de nuevo por la sonda y procesados por un ordenador para reproducir la imagen de la próstata en una pantalla de video. El paciente puede notar algo de presión con esta prueba cuando la sonda se introduce en el recto. Este procedimiento dura sólo algunos minutos y se realiza ambulatoriamente.
La ecografía transrectal es el método utilizado para practicar una biopsia de próstata. La aguja se desliza por el interior de un canal en la sonda transrectal y es dirigida bajo control ecográfico hacia las zonas de la próstata que queremos biopsiar. Este procedimiento está indicado para descartar la existencia de un tumor maligno en la próstata y es realizado por el Urólogo bajo sedo-analgesia intravenosa, en quirófano del hospital y sin necesidad de pernoctar en el centro.
La flujometría es una prueba que se realiza en la misma consulta en pacientes que presentan síntomas sugestivos de obstrucción durante el vaciado vesical. El procedimiento consiste en orinar en un recipiente que lleva un sensor en forma de disco giratorio que es capaz de medir distintos parámetros relacionados con el chorro de dicha micción.
Los parámetros vienen reflejados en una gráfica que se obtiene una vez finalizada la micción. La gráfica es capaz de poner de manifiesto la continuidad o interrupción del chorro, así como el volumen miccional vaciado, el pico de flujo máximo, el flujo medio y el tiempo de vaciado.
De esta manera podemos conocer la capacidad de la vejiga, la existencia de una obstrucción por hiperplasia benigna de próstata (HBP) o la existencia de una estrechez uretral que dificulte el vaciado de la vejiga.
El paciente debe acudir a consulta con ganas de orinar (vejiga llena), en las mismas condiciones en las que acudiría a vaciar su vejiga de forma habitual.
La cistoscopia consiste en la introducción a través de la uretra de un instrumento provisto de una óptica y una cámara (cistoscopio), con el objetivo de buscar lesiones, cálculos o tumores en el interior de la uretra o vejiga.
Esta prueba la realiza el Urólogo de forma ambulatoria (sin ingreso hospitalario) y sin necesidad de anestesia.
La ureteroscopia consiste en la introducción a través de la uretra de un instrumento provisto de una óptica y una cámara (ureteroscopio), que tras introducirlo en vejiga es capaz de ascender por el ureter hasta llegar al riñón.
El objetivo de esta prueba es diagnosticar la presencia de cálculos, tumores o lesiones a nivel del ureter, pelvis o cálices renales. Esta técnica se utiliza cuando con otras pruebas de imagen no hemos podido llegar al diagnóstico.
Mediante la ureteroscopia y la aplicación del láser es posible también la fragmentación de cálculos del ureter que no son susceptibles de expulsión espontánea, así como el tratamiento de pequeños tumores del ureter.
La ureteroscopia precisa de una sedación intravenosa, anestesia general o raquidea para su realización, así como una mínima estancia hospitalaria.
